Fotoprotección Infantil

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Fotoprotección infantil

Queremos tratar a fondo el tema de la Fotoprotección Infantil puesto que la piel de los niños es mucho más sensible a las radiaciones solares, y por tanto al daño que éstas provocan, ya que su sistema natural de protección todavía no está desarrollado.

Tienen una escasa presencia de melanina, sudor y sebo, además de una capa cornea más fina y permeable que la de los adultos, así que en ellos el daño solar es máximo además de acumulativo, y este efecto acumulativo de la radiación solar empieza en la infancia, ya que es un periodo de la vida en el que la exposición al sol suele ser prolongada, sobre todo debido a los hábitos de juego de los niños y a la práctica de deportes al aire libre.

Se ha evaluado que los niños reciben tres veces más radiaciones UVB que los adultos, e incluso se ha llegado a estimar que la exposición recibida durante la infancia es aproximadamente el 80% de la exposición recibida a lo largo de toda la vida, por lo que una protección adecuada desde la infancia es esencial para disminuir el riesgo de desarrollar un cáncer de piel en la edad adulta, ya que como muchas veces habréis oído decir, “la piel tiene memoria”, refiriéndose a este efecto acumulativo de la radiación solar, así que las exposiciones solares que hayan producido quemaduras con ampollas en la infancia están fuertemente asociadas con el desarrollo de posteriores melanomas malignos.

La incidencia mundial de cáncer de piel aumenta cada año, y su aparición está estrechamente vinculada a la frecuencia de la exposición solar en actividades recreativas y a la insolación acumulada a lo largo del tiempo.

Según las estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cada año se producen en todo el mundo más de 2 millones de cánceres de piel distintos al melanoma y 200.000 melanomas malignos, y el riesgo de desarrollar un melanoma maligno también está vinculado a la exposición intermitente a los rayos UV, por lo que el cáncer de piel puede prevenirse limitando la exposición solar y mejorando los hábitos solares, así que la promoción de unos buenos hábitos de protección solar en la infancia explicándoles los efectos beneficiosos y perjudiciales del sol y enseñándoles cómo utilizar los fotoprotectores y la importancia que tienen, es esencial para prevenir el cáncer de piel.

Según la Fundación del Cáncer de piel, la utilización de un fotoprotector durante los primeros 18 años de vida disminuye en un 78% la probabilidad de desarrollar cáncer de piel en el futuro.

Como ya hemos visto, los niños aun no tienen desarrollados los mecanismos naturales de defensa de la piel, y hasta la pubertad no los tendrán, por lo que la fotoprotección en la infancia es totalmente esencial, y debe tener dos objetivos fundamentales:

  • Evitar el desarrollo de procesos dermatológicos relacionados con la exposición solar, es decir fotodermatosis, que son procesos cutáneos anómalos que pueden producirse o agravarse por la acción de las radiaciones solares. Las más frecuentes en la edad infantil son: Protoporfiria eritropoyético, Xeroderma pigmentoso, Erupción polimorfa lumínica, Hidroa vacciniforme.
  • Evitar los efectos negativos a largo plazo que se producen por la acumulación de exposiciones solares a lo largo de la vida, entre ellos el cáncer de piel.

¿Cómo deben ser los fotoprotectores para niños?

Los fotoprotectores para niños deben contener sobretodo filtros físicos, que son los que reflejan la luz solar y son de amplio espectro (reflejan la radiación Ultravioleta (UV), Infraroja (IR) y Visible (Vis)), hacen efecto “pantalla” (son densos y dejan la piel blanca) y se utilizan para evitar el eritema y el bronceado.

Pero también deberían contener filtros químicos de gran tolerancia para absorber la radiación UV sin irritar la piel, y biológicos (antioxidantes) para evitar la formación de radicales libres y potenciar el sistema inmunológico cutáneo.

Los filtros Organominerales también son muy adecuados en las fórmulas de los fotoprotectores pediátricos, ya que son filtros químicos insolubles capaces de actuar tanto por absorción de la radiación solar, como por reflexión, y tienen las ventajas cosméticas de los químicos y la seguridad de los físicos.

Pero además de tener una buena composición de filtros solares, los fotoprotectores infantiles deben contener agentes hidratantes, porque la piel de los niños es más fina e inmadura y su efecto barrera es menor, por lo que tienen mayor tendencia a la deshidratación y en verano se acentúa sobre todo con los baños continuos en el mar o en las piscinas (con altas cantidades de cloro) y con la propia exposición solar, así que tienen que ser fotoprotectores que cubran las necesidades de los niños adecuándose a su piel, edad y actividad. Lo ideal es que sean hidratantes, resistentes al agua y a la fricción (con el roce de la toalla, arena…etc.), hipoalergénicos y que estén testados dermatológicamente.

Consideramos que las texturas más adecuadas para los fotoprotectores infantiles son las cremas, ya que son más hidratantes que los geles. Los formatos en spray aunque son más cómodos de aplicar y se absorben mejor, no nos parecen tan adecuados, porque si tenemos que  aplicarlos al aire libre, no se controla igual la cantidad que aplicamos al llevarse el viento parte del producto, por lo que creemos que las cremas también permiten un mayor control de la cantidad incluso al aire libre.

Recomendaciones para una fotoprotección infantil adecuada

  • Aplicar un fotoprotector adecuado (mínimo SPF 15 en niños de piel oscura y SPF 30 en niños de piel clara, con tendencia a pecas, ojos claros…etc., que proteja frente UVA y UVB) media hora antes de la exposición solar, en cantidad suficiente (2 mg/cm 2 de piel) y preferiblemente en casa antes de salir, ya que en la playa, el parque o la piscina los niños suelen estar más por el juego y están menos receptivos a su aplicación. Y hay que reponerlo cada 2 horas aproximadamente y después de baños prolongados. Aplicar también siempre que se realicen deportes, actividades o juegos al aire libre.
  • Proteger a los niños también con gorros, camisetas y gafas de sol.
  • No exponer al sol directamente a los niños menores de 3 años aunque tengan aplicado un fotoprotector.
  • No utilizar colonias u otros productos con perfume antes de la exposición solar.
  • Darles de beber agua frecuentemente para evitar golpes de calor.
  • Evitar las horas de máxima intensidad solar (12.00 – 16h).
  • Evitar totalmente la exposición solar o utilizar altas medidas de protección si se están tomando algún medicamento que sea fotosensible (sobre todo algunos antibióticos). Consultar al médico o farmacéutico si están tomando algún medicamento antes de exponerlos al sol.

Valoración Doctors & Labs

Como habéis visto, los niños son mucho más susceptibles al sol que los adultos, están menos protegidos y su piel es más fina y frágil, así que es de vital importancia que utilicen de forma correcta los fotoprotectores y que se tomen las medidas de protección adicionales descritas anteriormente.

Pero lo más importante es la educación solar que debemos inculcarles tanto en casa como en el colegio, ya que cada año disminuye la capa de ozono y nos llega más radiación solar, y deben entender desde muy pequeños que su protección frente al sol es básica para su salud, y que hay que aplicar muy bien los fotoprotectores para que sean efectivos, porque si ellos lo entienden y son conscientes desde pequeñitos, las próximas generaciones tendrán mucho ganado frente a la batalla que tenemos actualmente contra el cáncer de piel.